Pequeños gestos que sí ayudan al medio ambiente

Cada vez se está poniendo más el foco en el individuo y los pequeños (o grandes) gestos que todos podemos realizar día a día para ayudar al medio ambiente y frenar el cambio climático. En este artículo repasamos los gestos, más allá de reciclar y reutilizar, que debemos ir aplicando todos y cada uno de nosotros para ayudar a cuidar nuestro planeta.

Según los últimos informes de Grupo Intergubernamental de Expertos Sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), el camino para frenar el problema medioambiental al que nos enfrentamos como sociedad pasa por acelerar la transición a las energías renovables, un menor uso del coche y el avión o plantear una dieta siguiendo las indicaciones de la OMS: con fruta y verdura de cercanía y menos carne.

Uno de los principales argumentos utilizados por ciudadanos de todo el mundo para no aplicar estos cambios es el de « cómo mi acción individual puede revertir la tendencia si somos millones », pero se puede rebatir fácilmente. Según un estudio de la Universidad de Tennessee (EE UU), la acción individual que perdura a largo plazo es más mitigadora que acciones puntuales de grandes empresa. ¿Por qué? Hablamos, por ejemplo, de aislar térmicamente una viviendo o comprar vehículos híbridos o incluso utilizar temperaturas más optimas con el termostato o reducir la cantidad de viajes por carretera, mar o aire. La conclusión es sencilla: las acciones aisladas funcionan si hay pedagogía.

También la Universidad de Michigan (EE UU) que afirma que « las normas consensuadas por un grupo poblacional suponen una de las mejores garantías de la eficiencia de una estrategia sostenible ». O dicho de otra forma, los gestos de cada uno de nosotros cuenta gracias al efecto contagio. Hay que alardear de ellos, mostrarlos y sentirnos orgullosos para conseugir que otras personas que no habían sentido la necesidad de hacerlo se sumen. »Según los científicos que firman la investigación, interviene la reputación como refuerzo positivo, con la consecuente subida de autoestima. El artículo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, destaca la importancia de predicar con el ejemplo; y especifica que un vecino que recicle bien la basura será una inspiración para el resto de la comunidad ».

En esta línea se han lanzado nuevas iniciativas como #2minutesbeachclean, lanzada por el británico Martin Dorey, que invita a dedicar dos minutos de nuestro tiempo a recoger basura en playas y a compartir la acción en redes sociales. El efecto es inmediato pues según la Fundación Biodiversidad, cada colilla que llega al agua contamina unos 50 litros.

Otro gran ejemplo a tener en cuenta se da en Alemania. Allí, desde el colegio, los más pequeños aprenden a utilizar una decena de contenedores y a corregir a sus compañeros (o mayores) que no los utilizan correctamente. Así conseguimos desarrollar en el incosciente colectivo que no reciclar está mal y así presionaremos a nuestros vecinos a que se sumen. En Suecia, por ejemplo, llevan aplicando medidas de restricción del tráfico desde 1996 y han logrado que la población vea mal el uso de vehículos de gran cilindrada (cuando no son híbridos o eléctricos). De hecho, esta tendencia a evolucionado al flygskam o « vergüenza de viajar en avión » por la cantidad de emisiones contaminantes que supone un trayecto de poca distancia.

Fuente vía El País